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Una vez castigado el padre, Zeus se aplicó a la tarea de devolver al hijo a la vida. Ordenó a Hermes que reuniese todas las piezas y las volviese a echar al caldero, tras lo que produjo un hechizo. Se puso a hervir de nuevo y el hada Cloto volvió a unir las piezas. Deméter sustituyó el hombre que había comido por uno hecho del marfil más puro. Con el tiempo, el hombro blanco sería una característica que designaría a todos los descendientes de Pelops. Rea, la madre de todos los dioses, le insufló nueva vida mientras que Pan bailaba un baile de alegría en torno al fuego. Pelops salió renovado del caldero y, aunque antes ya era hermoso, su belleza era ahora incomparable. Poseidón, dios de los mares, vio al radiante muchacho, de quien se enamoró al momento. Con su corazón embargado por el deseo, lo alzó a su carro, tirado por corceles dorados, y se lo llevó al Olimpo. Dione, su madre, envió hombres a buscarlo por todo Sipilo, pero no hallaron ni rastro del muchacho. Arriba en el Olimpo, Poseidón nombró a Pelops su copero y amante. Alimentó al joven con ambrosía, lo paseó en su carro mágico y lo hubiese retenido para siempre a su lado pero los otros dioses, escarmentados por lo que había pasado con su padre, decretaron la vuelta de Pelops a la tierra. Poseidón se separó de su amigo con tristeza, mientras lo cubría de regalos. Más tarde, cuando la primera barba ensombreció sus mejillas, Pelos se enamoró de la encantadora Hipodamia, hija del rey Oenomaos. Pero su padre, que había sido avisado por un oráculo de que hallaría la muerte a manos de su propio yerno, había dispuesto que quien pretendiese su mano debería ganarle en una carrera de carros o perder su vida. No tenía miedo de perder, pues sus yeguas eran las más rápidas de toda
El dios, encantado de ayudar, le entregó un carro de oro que podía correr sobre las olas del océano sin mojarse siquiera, tirado por una reata de caballos alados, incansables e inmortales. De vuelta en palacio, Pelops, aún preocupado por la carrera, sobornó a Mirtilo, a quien prometió que podría pasar la noche de bodas con Hipodamia. Mirtilo, quien estaba secretamente enamorado de ella, saboteó el carro del rey. Al empezar la carrera, Pelops salió como una flecha, mientras que el rey Oenomaus, con Mirtilo a las riendas, corría cuanto podía tras él. Justo cuando se acercaron a Pelops tanto que el rey estuvo a punto de atravesarlo con su espada, las ruedas de su carro salieron desprendidas y, enredado en las riendas, fue arrastrado por sus caballos hasta morir. Así, Pelops se hizo con la mano de Hipodamia y consiguió el trono de Pisa. Pero, como ya no necesitaba a Mirtilo, lo mató para no tener que cumplir el trato. Pelops e Hipodamia tuvieron muchos hijos y Pelops engendró otro con la ninfa Axioche, un bastardo a quien nombró Crísipo. Pero sobre ellos pesaba la maldición de Mirtilo, que Hermes se encargaría de cumplir. En desagravio por la muerte de Oenemaos, Pelops fundó un gran festival que se celebraría cada cuatro años en honor del rey, que llamó los Juegos Olímpicos. Después, Heracles (nieto de Pelops), decretó que serían en honor de Pelops y que los sacrificios que habían de hacerse en su honor debían tener lugar incluso antes que los dedicados a su padre Zeus. Pelops fue un gran rey, en cuyo honor toda la Grecia occidental lleva su nombre. Incluso hoy en día seguimos llamando a aquella tierra "La Isla de Pelops": el Peloponeso. Comentarios del mitógrafo Estos mitos griegos están basados casi literalmente en restos antiguos, materiales hechos circular por mitógrafos modernos. Las fuentes van desde poetas a historiadores, desde dramaturgos hasta polemicistas paleocristianos. Por ello, debe tenerse presente que la forma que adoptan estas historias es la tardía, y llega a incorporar en muchos casos sensibilidades romanas. Qué duda cabe de que jamás ha habido una versión "auténtica" de ninguna de estas historias, que fueron objeto de transmisión oral durante un periodo de dos mil años por una región que abarca tres continentes, desde el Mar Negro hasta las orillas del norte de África, un área que alberga en la actualidad a países tales como Bulgaria, Grecia, Turquía, Egipto, Italia, etc. No obstante, los mitos son el reflejo colectivo de un mundo en el que el amor entre hombres era totalmente compatible con vivir la vida sagradamente, una senda hacia el heroísmo y la divinidad. |
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