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 Laius and Chrysippus

Muchos afirman que Layo, rey de Tebas, era el primer mortal que había llevado a los griegos la práctica del amor a los muchachos, un honor que otros conceden a Minos, rey de Creta. Lo que sí sabemos con seguridad es que cuando aún era demasiado joven para reinar, sus primos Anfión y Zeto se hicieron con las riendas del poder. Con ayuda de sus leales súbditos, Layo huyó de Tebas para salvar su vida y buscó refugio en Pisa, un reino vecino. Allí, el rey Pelops le dio la bienvenida a su castillo. Cuando Layo alcanzó la pubertad, Pelops le encomendó a su hijo Crisipo, "Caballo Dorado" para que le enseñase las destrezas de la guía de caballos. El rey amaba a Crisipo más que a sus otros hijos y deseaba que fuese diestro en las artes de la guerra. Layo hizo lo que se le pidió pero no pudo evitar enamorarse hasta la médula del hermoso joven. Durante los juegos de Nemea, en los que la pareja competía en carreras de carros, Layo raptó al joven. Para entonces, Anfión y Zeto habían caído en desgracia, hasta el punto de que Layo pudo llevar a Crisipo a Tebas, donde lo retuvo por la fuerza. Y sabía lo que estaba haciendo. "Lo comprendo", decía como única y débil excusa, "pero la naturaleza me obliga".

Laius Kidnapping Chrysippus; 4th c. Apulian volute krater (wine mixing bowl); The Getty, Malibu
Crisipo raptado por Layo

El joven no sobrevivió mucho tiempo en aquella situación. Algunos dicen que se suicidó por la vergüenza de haber sido llevado contra su voluntad, pero otros le echan la culpa a la mujer de Pelops, Hipodamia, la "Domadora de Caballos". Se dice que tenía miedo de que Pelops nombrase a Crisipo sucesor al trono, pasando por delante de Atreo y Tiestes, sus propios hijos. Hipodamia viajó a Tebas con sus hijos para eliminar la amenaza. Una vez allí, intentó persuadir a sus hijos para que matasen al joven ahogándolo en un pozo, pero ellos se echaron atrás. Furiosa, Hipodamia irrumpió en la habitación de Layo en mitad de la noche, donde ambos hombres dormían. Cogió su espada de la pared y la hundió en el vientre de su involuntario amante. Se acusó a Layo del crimen en el primer momento pero Crisipo había reconocido a Hipodamia cuando esta huía (y se disponía a acabar con su propia vida) y ésta proclamó la inocencia del rey para morir inmediatamente después. No obstante, Atreo y Tiestes se hicieron con el reino y encarcelaron a Layo por llevarse al muchacho sin su consentimiento, un delito que se conoció a partir de entonces en Grecia como "el crimen de Layo".

Entretanto, Pelops había reunido su ejército y marchó sobre Tebas para recuperar a su hijo. Al llegar a la corte de Layo, se encontró al rey ya encarcelado y a su hijo, muerto. El padre, aunque muy dolido por haber llegado demasiado tarde, perdonó la vida de Layo, reconociendo que un deseo irresistible le había llevado a secuestrar al muchacho. No obstante, le maldijo iracundo, con un sortilegio que pesaría cual nube oscura sobre él y sus descendientes hasta la tercera generación. El dios Apolo, protector de jóvenes y muchachos, le avisó de lo que iba a ocurrir: "No tendrás hijo alguno" dijo el oráculo de Apolo en Delfos a Layo cuando éste vino a preguntar por qué su mujer no había tenido hijos "pero si lo tienes, éste matará a su propio padre y se acostará con su propia madre.". Pero Layo, a quien siempre podía la pasión sobre la razón, desobedeció al oráculo, algo que le costó su vida. Y su hijo, Edipo, aún más.



Comentarios del mitógrafo

Estos mitos griegos están basados casi literalmente en restos antiguos, materiales hechos circular por mitógrafos modernos. Las fuentes van desde poetas a historiadores, desde dramaturgos hasta polemicistas paleocristianos. Por ello, debe tenerse presente que la forma que adoptan estas historias es la tardía, y llega a incorporar en muchos casos sensibilidades romanas.

Qué duda cabe de que jamás ha habido una versión "auténtica" de ninguna de estas historias, que fueron objeto de transmisión oral durante un periodo de dos mil años por una región que abarca tres continentes, desde el Mar Negro hasta las orillas del norte de África, un área que alberga en la actualidad a países tales como Bulgaria, Grecia, Turquía, Egipto, Italia, etc. No obstante, los mitos son el reflejo colectivo de un mundo en el que el amor entre hombres era totalmente compatible con vivir la vida sagradamente, una senda hacia el heroísmo y la divinidad.


Poseidn y Pelops
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