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Sophocles

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Sófocles
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Sófocles (497 - 406 a. C.) fue uno de los tres grandes poetas trágicos griegos. De familia acomodada, se movía con facilidad en los círculos acomodados. De vida productiva, que duró más de sesenta años, escribió más de ciento veintitrés obras, de las que nos han llegado tan solo siete.

"El joven Sófocles era hermoso, y un hombre llamado Lampros le instruyó durante su adolescencia en la música y el baile. Después de la batalla naval de Salamina (480 a. C.), Sófocles bailó alrededor del monumento de la victoria tocando su lira, desnudo y untado en aceite de oliva (según otros, estaba vestido pero ligero de ropa). Cuando produjo su Thamyris, él mismo tocó la cítara y cuando escenificó su Nausicaa, destacó en el juego de la pelota." (1).

El historiador Ateneo nos narra que Sófocles amó a los muchachos igual que Eurípides amó a las mujeres. El poeta Ion de Quios nos cuenta que:

"Conocí a Sófocles en Quíos cuando era estratega e iba de camino a Lesbos. Era un hombre diestro a quien gustaba agradar en el banquete. Hermesilao era su amigo y el anfitrión oficial de los atenienses. El joven que servía el vino estaba junto a la chimenea, guapo y ruboroso. Sófocles, visiblemente conmovido, le preguntó: "¿Quieres que beba con gozo?" Asintió. "Pues, cuando me sirvas la copa y la retires, hazlo con calma". El joven se sonrojó aún más. Sófocles hizo notar al visitante que yacía a su lado: "Cuán hermosas son la líneas de Frinico. En sus mejillas púrpuras, resplandece la luz del amor".

Su vecino, un maestro de Eretria, le contestó: "Sin duda, Sófocles, sois un poeta sabio, pero Frinico no se expresó correctamente al decir que las mejillas de un muchacho son púrpuras, porque si un persa las hubiese pintado con ese color, el muchacho ya no hubiese resultado hermoso. Así, uno no ha de comparar lo hermoso con lo que obviamente no lo es."

Sófocles rió y dijo: "Así pues, tampoco os gustan probablemente los versos de Simónides que tanto gustan a los griegos: "De sus labios púrpuras, dejó la joven que manase su voz", o lo que dice el poeta del cabello rubio de Apolo porque, si un pintor hubiese pintado el color del dios de color oro y no negro, la pintura hubiese sido peor. Y esto vale para el poético "dedos rosados" puesto que si alguien moja sus dedos en pintura del color de las rosas rojas, sus dedos parecerían los de un tintorero y no los de una mujer hermosa." Los otros invitados rieron, pues el hombre de Eretria se había quedado mudo con la respuesta, mientras Sófocles se volvía a girar al muchacho, que estaba intentado retirar una motita del cuenco con su pequeño dedo. Sófocles le preguntó si podía verla claramente. Al responder éste que sí, Sófocles dijo: "Pues apártala de un soplo si no quieres que se te moje el dedo". Mientras el muchacho aproximaba sus labios al recipiente, Sófocles atrajo éste hacia su boca, con lo que se acercaron sus cabezas. Cuando el muchacho estuvo cerca, Sófocles lo rodeó con sus brazos, lo atrajo aún más hacia sí y le besó. Todos aplaudieron su ingeniosa treta, pues había sido más astuto que el muchacho. Sófocles respondió: "Señores, estoy practicando estrategia, pues ya dijo Pericles que yo entendía de poesía pero no de estrategia. Ahora bien ¿a que mi estratagema salió bien?" (2).

Qué duda cabe de que las estrategias de Sófocles no siempre le permitían salirse con la suya. Se decía que había sufrido a lo largo de su vida un sinnúmero de decepciones amorosas a manos de hermosos muchachos. Platón lo juraba. Su pederastia también nos es contada por Eurípides, y por Ateneo. Éste último, que gustaba de relatar anécdotas de las vidas de los grandes hombres de la antigüedad, nos narra una de las desventuras de Sófocles. "Una vez, Sófocles (que tenía, a la sazón, ya sesenta y cinco años) condujo extra muros a un hermoso joven con quien quería disfrutar. El joven echó su basto himation [un manto barato] sobre la hierba y ambos se cubrieron con la elegante clámide del poeta. De repente, el joven robó la clámide, dejando a Sófocles el himation. Por supuesto, la voz corrió y tan pronto como Eurípides lo supo, lo transformó en motivo de diversión y risa" (3).



De Ateneo, e Ión de Quios, Deipnosophistai I, 20, y XIII, 603-604
 





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