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  Harmodius and Aristogiton

La historia de Harmodio y su amante, Aristogeitón, es antigua (tenía 2514 años en el año 2000, para ser exactos). Es una historia real y tuvo lugar durante el reino de Hippias, tirano de Atenas.

Hipparcus, hermano del tirano, deseaba al hermoso Armodio, a quien atosigaba Harmodius and Aristogiton - Museo Archeologico Nazionale, intentando lograr sus atenciones. Pero Armodio, que sólo tenía ojos para Aristogeitón, no estaba interesado, y dijo a Hipparcus que le dejase tranquilo. Pero Hipparcus no estaba acostumbrado a que le rechazasen. Su despecho propició el que montase en cólera contra ambos amantes, y se mofó de ellos en presencia de gran número de personas en un Festival, llamándoles "enclenques y mujercitas delicadas". Aristogeitón se prometió vengar los insultos, y organizó un complot con un grupo de amigos de confianza, para derribar a los hermanos opresores, que eran odiados por muchos atenienses, durante el desfile del festival Penathenaia que iba a celebrarse al día siguiente.

A la mañana siguiente, en la Acrópolis, donde Hippias estaba presidiendo el desfile, se dieron cuenta de que uno de los conspiradores saludaba amistosamente al tirano. Temiendo haber sido descubiertos, no siguieron con el plan trazado de antemano sino que bajaron corriendo de la colina a la ciudad, donde arrinconaron a Hipparcus, que estaba organizando la procesión junto al Leocorion, y le mataron. No obstante, el joven Armodio fue dado muerte al momento por uno de sus guardias, y Aristogeitón fue hecho preso. Fue encerrado rápidamente y torturado para que revelase el nombre de los otros conspiradores contra el tirano. Hippias personalmente estuvo presente en la sala de torturas que ordeno se le aplicasen sin piedad. Aristogeitón, que rechazo totalmente el delatar a su amigos, escupió e insulto al déspota, causante de la muerte de su amado. Hippias, en un ataque de furia quebró sus miembros y le apuñalo hasta la muerte.

Hippias aun se mantuvo en el poder durante unos cuatro años, y su gobierno fue tan cruel como siempre si no más. Pero los atenienses no olvidaron a Aristogeitón como el valiente que había sido el detonador del complot. Cuando el tirano fue derrocado, los ciudadanos rindieron honores a los dos amantes como salvadores de la ciudad. Su ejemplo fue mostrado como modelo a los jóvenes atenienses, y una estatua de ambos fue encargada por Clistenes, el fundador de la democracia recién nacida. Cuando fue saqueada por los conquistadores persas veinticinco años más tarde, otra estatua fue fundida por el pueblo. En Italia puede apreciarse una copia de esa, que ha sobrevivido al paso del tiempo, en el Museo nacional de Nápoles.

A consecuencia de este hecho, y de muchos similares en los que los amantes pederásticos mataron a otros tiranos, los griegos solían decir que sólo los tiranos y los bárbaros (los segundos, por vergüenza de la desnudez) odiaban la pederastia.
 






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